Tiempo
No tengo tiempo para esperar
El tiempo... ¿Cómo definir o medirlo? La
respuesta no es obvia. Requiere un análisis más profundo, cosa que hoy, poca
gente se dispone a hacer... por falta de tiempo. Hablamos de ganarlo, programarlo
o invertirlo, pero lo cierto es que ni siquiera puede atesorarse. El
tiempo avanza de manera inexorable y no
hay nada que podamos hacer para modificar su curso, imposible lograr que se
desarrolle más lento o más rápido, o pretender guardar un poco para el futuro. En
definitiva nadie lo controla pero todos si la usamos, para bien o para mal
Del latín tempus, la palabra tiempo se utiliza
para nombrar a una magnitud de carácter físico que se emplea para realizar la
medición de lo que dura algo que es susceptible de cambio. dicho cambio es advertido por un observador,
ese periodo puede cuantificarse y medirse como tiempo.Gracias al tiempo, podemos organizar los hechos de manera secuencial. Este orden deja establecido un pasado (aquello que ya sucedió), un presente (lo que está pasando en el momento) y un futuro (aquello que va a pasar próximamente). Con esto pensamos y actuamos en función de.
Haciendo un paréntesis, es de admirarse como
los medios de comunicación prestan demasiada importancia a un personaje de
televisión. Que por más famoso o popular que sea, es solo eso, un personaje. En
este lado desespero escuchar excusas desgastadas cuando invito a un amigo o
amiga a un taller o seminario de provecho, o el simple hecho de invitarlos para
probar o simpatizar una amistad con un
café o una cena, para hablar de temas que pueden ser de interés como: la
educación, el desempleo, la globalización o el flaco tema político., pero
prefieren estar en las redes sociales, la televisión, que me hacen pensar que
son una basura( sino sabes darle el uso correcto) o por lo menos un mal
necesario que enriquecen a pocos y embrutecen a muchos., que atrapan con
portadas “interesantes”, si no fuera por la escusa de ser fuentes de empleo.
Volviendo al tema, prácticamente todo el mundo
pierde el tiempo. Es algo intrínseco de la naturaleza humana y, aunque muchos
lo desconozcan, el perder el tiempo realizando tareas poco relevantes mientras
que aquellas que deben realizarse son pospuestas tiene un nombre: Procrastinación.
No dejes para mañana lo que puedas hacer pasado
mañana - Mark Twain
Varios psicólogos han estudiado este
comportamiento durante décadas y cada vez se va arrojando más luz sobre el
asunto. Los procrastinadores suponen el 95% de la población, pero no todos los
procrastinadores tienen un comportamiento similar. Lo que nos lleva a perder el
tiempo varía de unas personas a otras, pero según Piers Steel es una mera
combinación de tres factores que en mayor o menor medida están presentes en
todos los individuos.
Se ha estudiado repetidamente el porqué de las
pérdidas de tiempo, especialmente en el entorno personal y ya en alguna ocasión
lo mencione., simple y sencillamente por no tener un propósito de vida, si no
tienes claras tus actividades, difícilmente puedes optimizar tu tiempo., Buscar los objetivos de nuestra
vida, encontrar las razones por las que se está trabajando, estudiando o
realizando actividades de forma clara y efectiva, es el primer paso para
establecerse unas metas hacia las que dirigir todos los pasos de nuestra
actividad. De esta manera no se perderá el tiempo. No más de lo debido, ya que
al orientarse hacia unas metas, unos objetivos, el tiempo estará mejor aprovechado
y desaparece la monotonía.
Sabrán ustedes de mi afición de avivar la llama
de la polémica para suscitar el intercambio sano de ideas a fin de consolidar
lo que ya sabemos, o quizá modificarlo un poco, pulirlo, replantearlo. Y, quién
sabe, tal vez haya algún cambio de opinión. En cualquier caso, ahí va la
pregunta: ¿porque perdemos el tiempo? Obviamente, primero hay que definir lo
que significa “perder el tiempo”, supongo que tal concepto es imposible de
definir. Cada uno disfruta de lo que quiere, hace lo que quiere, aunque esto
implique perder el tiempo o simplemente hace todo que no resulta en nada. Para seguir
en la polémica, el tiempo lo perdemos también cuando vamos vacilando nuestra
existencia, pensando en el problema y no en la solución, esperando que la gente
cambie con el tiempo y este solo los desenmascara, aquí se aplica a los amores que no son correspondidos. Comemos,
bebemos y dormimos, pues también estudiamos compulsivamente, trabajamos
mecánicamente y nos divertimos ansiosamente. Como es de esperarse de un comportamiento
humano. Pero, ¿será que la vida se agota en eso? En dispender algunas décadas
en esas actividades gregarias, y nada más? ¿Y el espíritu humano? ¿Qué hace en
ese espacio de tiempo, integralmente tomado por las necesidades corpóreas, tan
prioritarias?
En la infancia, teníamos la nítida impresión de
que, el tiempo, realmente, pasaba más despacio. Transcurría una eternidad hasta
que el período de vacaciones llegara; la Navidad, era un evento que se repetía
muy raramente; nuestro cumpleaños, entonces, más parecía un golpe de suerte
cuando al fin surgía. A medida que
crecemos la historia se invierte. Parece que el tiempo se acelera. Apenas
repetimos nuestras inmutables resoluciones definitivas de año nuevo y las
semanas y los meses ya comienzan su desenfrenada carrera. Recordando los
cansados consejos de mi amigo que insistía diciendo “debes aprender que después
de los treinta años, el tiempo vuela y desearas devolver para aprovecharlo
mejor”. Y me reclamo por mi tiempo que deje de estudiar, de ahorrar, de
aprovecharlo mejor. Eso me enseña que despues de la adolescencia., el tiempo corre más rápido, porque es en esa época
que el espíritu empieza a actuar. Me conforta saber aquí que la juventud es una
enfermedad que se cura con los años. Cuando el cuerpo alcanza un determinado
estado de madurez, el espíritu dentro de él, pasa a hacerse valer plenamente, y
entonces las vivencias se intensifican. Se explica por la vivencia, que el ser
humano “cambia” a partir de cierta edad, y no el tiempo. El tiempo no cambia.
El movimiento de las agujas del reloj apenas registra, numéricamente, nuestro
pasaje en el tiempo. El tiempo no pasa, nosotros somos los que pasamos dentro
de él.
Vamos a ser prácticos, en un lenguaje claro. El
registro del pasaje de una persona por la Tierra, puede ser medido en un bien
número de años. Eso no significa que su tiempo haya sido determinante, sino su
vivencia, que es el resultado de su existencia aprovechada o no. Cuanta más
movilidad presente un espíritu humano, cuanto más vigilante y actuante sea, más
vivenciará, en un mismo espacio de registro de tiempo. Esto se explica que para
una persona el tiempo parece "estirarse", de forma a permitir que
haga todo lo que se ha propuesto, sin embargo, se da lo contrario para esa
misma persona el tiempo parece “volar”, de modo que, mal consigue utilizarlo
como le gustaría, en la consecución de sus objetivos. No obstante, no fue el
tiempo quien voló con tamaña rapidez, y sí la propia persona quien actuó
diligentemente dentro de él. Fue ella quien "voló" dentro del tiempo,
y por eso, solamente por eso, pareció haber pasado tan rápido.
El simple inicio natural y automático de la
actuación espiritual es ya, suficiente, para alterar la percepción del tiempo,
aún en escala reducida. No obstante, en la casi totalidad de las personas, el
espíritu no actúa como debería. Al contrario de mantenerse en el comando de la
situación, como sería de esperarse y como es su función, el espíritu se curva
ante las imposiciones del intelecto, excesivamente estimulado y unilateralmente
desarrollado ya al inicio de los años de la vida. Por eso es que, toda esa carrera de la vida
moderna no se constituye en vivencia para el espíritu. Toda esa aparente
riqueza de experiencias cotidianas es, apenas, fruto de la actividad cerebral,
que naturalmente sólo puede encontrar valor en cosas materiales, visibles y
palpables, enteramente acordes al concepto terreno de espacio y tiempo. Lo que
se encuentra más allá del espacio-tiempo, el cerebro humano, por su propia
constitución, no es capaz de comprenderlas, mientras que el espíritu, único
capacitado para eso, se halla demasiado débil y somnoliento para asumir la
tarea. Si el espíritu del ser humano actuara como debiera, sus vivencias serían inconmensurablemente más ricas. Se transformarían inmediatamente, en reconocimientos duraderos, indelebles, y en evolución. Y la misma ciencia, tampoco perdería tiempo tratando de regalarnos más años, pues podríamos fácilmente vivenciar siglos, durante nuestro corto pasaje por la Tierra. Resumiendo eso. No busquemos la fuente de la juventud, sino busquemos aprovechar e invertir el tiempo en la intensidad de nuestra vida.